Biografía de Mariana Grajales Cuello
Mariana Grajales Cuello ha sido objeto de diversas leyendas relacionadas con su origen; la mayoría de los autores la reflejan como hija de padres dominicanos, algunos le atribuyen esta nacionalidad. Al respecto en los últimos años el periodista Joel Mourlot Mercaderes ha realizado significativos hallazgos. El padre de Mariana Grajales, José Grajales Matos era dominicano hijo de Baltazar e Inés María, ambos de igual nacionalidad, sin embargo su madre Teresa Cuello Zayas hija de Jacinto y Francisca Javiera, cubana de padres también cubanos. El matrimonio de José y Teresa tuvo varios hijos algunos nacidos en Santo Domingo y otros en Santiago de Cuba; entre ellos Mariana, que vio la luz el 12 de julio de 1815, así consta en su partida de bautismo registrada en la iglesia de Santo Tomás Apóstol.
El 21 de marzo de 1831 Mariana se casó en primeras nupcias con Fructuoso de los Santos Regüeiferos Hechavarría con quien tuvo tres hijos Felipe (1832), Manuel (1836) y Fermín (1838). Fructuoso falleció el 5 de mayo de 1839 y Mariana quedó sola con posterioridad tuvo una segunda relación de la cual nació su hijo Justo Germán registrado en la iglesia de San Nicolás Morón, como hijo natural, nacido el 28 de mayo de 1843. Con posterioridad se unió con Marcos Maceo con quien contrajo nupcias el 6 de julio de 1851 en la iglesia de San Nicolás de Morón después de varios años de convivencia y con quien tuvo una larga descendencia de 10 hijos - Antonio de la Caridad, María Baldomera, José Marcelino, Rafael, Miguel, Julio, Dominga de la Calzada, José Tomás, Marcos y María Dolores Maceo Grajales.
Mariana no tuvo la oportunidad de asistir a alguna de las pocas escuelas públicas para niñas de color existentes en la ciudad, la humildad de su cuna y su residencia en la zona de El Cristo en las cercanías de Santiago de Cuba lo impidieron. Como era de costumbre su educación estuvo sustentada en normas éticas, religiosas y de comportamiento social trasmitido por los padres en el hogar y el sacerdote en las parroquias, exigido entonces para la mujer, que luego ella proyectó a sus hijos.
La ausencia de instrucción no impidió que junto a Marcos Maceo proporcionara a su numerosa prole una educación, sustentada en sólidos principios éticos para legar a la historia una pléyade que se destacó por su higiene en el vestir, laboriosidad, patriotismo, disciplina, honradez, lealtad incondicional a la familia y a la causa libertaria. Ninguno de los hijos vaciló ante el enemigo, ninguno fue traidor.
Mariana con 53 años de edad marchó a la manigua junto a sus hijos menores, María Baldomera y su nuera, María Cabrales, en los hospitales de sangre atendieron y curaron heridos y enfermos. De ellas el Félix Figueredo expresó que “Su hogar era el hospital de la Patria … en aquella noble familia encontraba el desgraciado herido o enfermo corazones que mitigasen los dolores morales y manos cuidadosas que vendasen con solicitud santa y sublime, las heridas recibidas en el combate
Soportó con estoicismo los rigores de la vida en campaña, viendo caer al esposo, hijos y hermanos sin amilanarse. Es conocida la anécdota referida por José Martí en su artículo la “Madre de los Maceo” cuando en ocasión de llevar a su hijo Antonio muy mal herido, ante el llanto de las otras mujeres exclamó “¡fuera, fuera faldas de aquí, no aguanto lagrimas! Traigan a Brioso y a Marcos, el hijo, que se lo encontró en una de las vueltas, ¡y tu empínate porque ya es hora de que te vayas al campamento!”
Como muchos patriotas, marchó al exilio, presumiblemente a inicios de 1879, luego de realizar los trámites correspondientes para la recuperación de las propiedades embargadas. Se estableció en Kingston, Jamaica, allí sufrió los rigores de la pobreza y la estrecha vigilancia española que interceptaba su correspondencia con sus hijos prisioneros en España.
El 27 de noviembre de 1893, falleció doña Mariana, en Kingston, Jamaica, su deceso, conmovió a toda la emigración principalmente a José Martí que publicó en Patria su sentir. “¿Que había en esa mujer, que epopeya y misterio había en esa humilde mujer, qué santidad y unción hubo en su seno de madre, qué decoro y grandeza hubo en su sencilla vida, que cuando se escribe de ella es como de la raíz del alma”.
Sus restos fueron trasladados a su ciudad natal el 23 de abril de 1923 y sepultados con los merecidos honores en el cementerio de Santa Ifigenia. Por las actividades desarrolladas durante la Guerra de los Diez Años y los sentimientos patrióticos inculcados a sus hijos, es considerada como la Madre de todos los cubanos.
Marcos Evangelista Maceo
Un asunto muy discutido es el relacionado con origen de los padres del Titán de Bronce. En relación al progenitor numerosos autores plantean que es venezolano sin que exista alguna prueba para ello. Resulta significativo que en la república existieron biógrafos que dudaron o simplemente no señalaron este aspecto, entre ellos el teniente coronel Lino D’ou.
En la iglesia de Santo Tomás Apóstol en Santiago de Cuba, muy cerca de la calle Providencia, fue hallada por la doctora Olga Portuondo una partida Bautismal en el libro 8 no 68, folio 144, en la cual se señala que Marcos Evangelista Maceo, hijo natural de Clara Maceo, nació en esta ciudad el 21 de abril de 1808 y fue bautizado el primero de mayo del propio año. Además de este documento probatorio, diferentes protocolos notariales promovidos por Marcos, así como Padrones generales de fincas, lo declaran natural de Santiago de Cuba.
Acerca de la identidad del padre de Marcos, hasta ahora desconocida, la doctora Portuondo descubrió también que se llamó José Antonio y procedía de una familia de raíz valenciana de apellido Muchulí. Esta investigadora halló en archivos españoles una carta en la cual José Antonio Muchulí, solicitaba el licenciamiento de su hijo Marcos Maceo, que desde 1826 prestaba servicios en la compañía de Granaderos en el Batallón de Infantería Provisional.
La referida doctora también descubrió la hoja de servicios de Marcos en la que aparecen sus generales y consta que es hijo de padre incógnito con Clara Maceo y natural de Santiago de Cuba. Esto permite confirmar que Marcos Evangelista Maceo fue un militar, que sin dudas transmitió sus experiencias a sus hijos. Marcos no tuvo la oportunidad de asistir a colegios ni de recibir ninguna instrucción, varios documentos, incluidos protocolos notariales, actas juramentales de matrimonio confirman que era analfabeto, lo cual no impidió la educación de sus hijos dentro de principios éticos acordes a su época, sustentados en la honradez, la disciplina, cortesía, entre otros.
Algo que hasta hoy continúa siendo una incógnita, es la existencia de los supuestos hijos de Marcos con Amparo Téllez, algunos con grados de oficiales en el Ejército Libertador en la zona de Guantánamo. Hasta el momento no existe ninguna prueba documental de este matrimonio y de esos descendientes, por el contrario todos los protocolos anteriores al matrimonio con Mariana plantean que es soltero.
Marcos se incorporó a la Guerra de los Diez Años desde la etapa conspirativa en la Junta de Majaguabo, para ello encargó el cuidado de la casa de Providencia a su vecino Antonio Inester. De el aprendieron sus hijos las habilidades del arte militar tales como el manejo de las armas de fuego, el machete. Por sus actividades revolucionarias en 1869 las autoridades españolas lo condenaron a muerte por el delito de infidencia y decretaron el embargo de sus propiedades.
Contaba 60 años cuando marchó a la manigua redentora y participó en varias acciones combativas donde alcanzó el grado de sargento. Cayó gravemente herido en la acción de San Agustín de Aguarás el 14 de Mayo de 1869, falleciendo varios meses después. De el y de su influencia en la familia expresó José Martí “Maceo fue feliz porque vino de león y de leona”.